El 5 de febrero de este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo pública su postura en contra de que los niños y niñas participen y asistan a eventos taurinos; ya que ello constituye una grave violación al tratado de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, el cual recoge el derecho de todos los menores de 18 años a vivir en condiciones que aseguren un adecuado desarrollo físico, mental y social. Cuestión que no se cumple en el ámbito de la tauromaquia.

Este pronunciamiento lo lanza a través del máximo órgano internacional encargado de garantizar el cumplimiento de la Convención de los Derechos de los niños y niñas: El Comité de los Derechos del Niño. Y aunque originalmente fue dirigido a Portugal, dicho pronunciamiento insta a los gobiernos de los ocho países en los cuales aún es legal la tauromaquia, a que adopten las medidas legislativas y administrativas necesarias para proteger a la niñez de que participen y presencien actuaciones de tauromaquia.

Anna Mulà, abogada de la Fundación Franz Weber aclara que “El principio del interés superior del niño… prevalece sobre el de diversidad cultural y sobre cualquier interés legítimo que pudiera entrar en conflicto”.

Así mismo, se añade a dicho pronunciamiento: “El Comité también insta al Estado a que adopte medidas de sensibilización sobre la violencia física y mental asociada a la tauromaquia y su impacto en los niños (y niñas)”.

Y es que especialistas en psicología infantil como el Dr. Melvine Levine de Harvard University afirman que “Cuando los niños ven a los animales siendo golpeados, humillados y privados de su comportamiento natural para la simple diversión de otros, sus mentes impresionables corren el riesgo de desarrollar valores sociales aberrantes”.

En nuestro estado, los Ayuntamiento no sólo permiten, sino que promueve la participación de menores en actividades taurinas, pero ¿qué se puede esperar de la clase política?

Sin embargo, lo que verdaderamente sorprende y preocupa es que en escuelas y colegios particulares de Colima, se promuevan dichas prácticas con el aval de la Sociedad de Padres de Familia.

Ignorantes o no, de lo que fomentan, los directiv@s, profesores y padres de estos niños y niñas, los instan a participar en una representación en la cual el “torerito” tienen que “herir” con objetos que simulan un arma punzocortante a quién es obligado a hacer de “torito”.

Leonardo Anselmi, Director de la Fundación Franz Weber para Iberoamérica, considera que “la ONU nos ha dado un argumento más para estar en contra de la tauromaquia y de esos espectáculos violentos que no solo dañan a los animales, sino a toda una sociedad incluidos niños, niñas y adolescentes”.

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