La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) denuncia que México es el único país de América Latina donde el salario es inferior al umbral de la pobreza. Si tiene un aumento, éste se ubica siempre debajo de la inflación. Lo peor es que hay pocos trabajos y cada vez más pobres con menores perspectivas de mejorar su vida. El Banco de México y la Secretaría del Trabajo proclaman que todo aumento al salario mínimo resulta forzosamente inflacionario, aún si se trata de una revisión a fondo del esquema que lo ha convertido, a lo sumo, en una caricatura contable, y lo peor, en una burla institucionalizada hacia los principios constitucionales que le dieron vigencia. Para la postración de los sueldos no hay argumento económico ni ético para justificarlos, ni cuando hay aumento en la productividad se ha correspondido con la mejora salarial.

Los analistas denuncian que gracias a la indiferencia social fue posible vencer cualquier resistencia de los asalariados, tanto los que se alzaban en defensa de los derechos consagrados en la ley como aquellos que, maniatados por las organizaciones sindicales corruptas, al final fueron lanzados a la informalidad que puso de rodillas a la fuerza de trabajo organizada. Se siente la ausencia de organizaciones legítimas que representen al conjunto de personas asalariadas. Después de las reformas de Peña Nieto poco queda a la imaginación, pero es seguro que México no podrá avanzar en serio sin reformar el mundo del trabajo, sin dejar en el pasado las fórmulas más oprobiosas de expoliación y sin regenerar los derechos de los trabajadores ante la lógica de las ganancias.

En Septiembre próximo las y los legisladores abordarán el tema de los salarios, esperamos que las organizaciones se unan para exigir que este mismo año cambie la política salarial del país, ya que es una vergüenza que los trabajadores de México tengan el salario más bajo en Latinoamérica, lo que acredita el fracaso de la política económica. Los legisladores  deben de ponderar que la mejoría inmediata en los sueldos fortalecería el mercado interno. Eso urge, no las promesas.