Bajo el lema de “Crezcamos juntos. ¡Ser formal te conviene!” el gobierno federal ha emprendido una agresiva campaña para incrementar los contribuyentes al régimen de incorporación fiscal, lo anterior con la finalidad de allegarse mayores recursos económicos a través del pago de contribuciones de esa inmensa mayoría que se encuentra actualmente en la “informalidad”.

Con la promesa de generar diversos beneficios para los que se sumen a la formalidad fiscal, el Gobierno de la República oferta desde crédito para la vivienda, salud y seguridad social, “apoyos para tu negocio”, financiamiento para tu empresa y crédito al consumo.

Tras el anuncio de este programa por parte de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso, una vez promulgado el decreto que lo sustenta legalmente, no se hicieron esperar las percepciones que sobre él tienen diversos analistas y opinadores, sin embargo la percepción que tienen el ciudadano de a pie, y en particular los contribuyentes dedicados a la iniciativa privada, prestación de servicios profesionales y otros de diversa índole que desde hace algunos años han cumplido cabalmente con sus obligaciones fiscales, dista mucho del optimismo gubernamental.

Conversando con amigos empresarios me refirieron percepciones en las que por lo estridente de la conclusión resalta el que: “a los informales no les conviene regularizarse.” Lo anterior porque, a decir de ellos, tristemente es más difícil el ejercicio de tu negocio pese a ser derecho y honesto contribuyendo formal y legalmente al fisco, que estar en la informalidad. Ya que estando inscrito en el SAT con todo y estar al corriente en tus pagos, resulta un verdadero viacrucis, más con las nuevas modalidades que entraron en vigor el presente año con la “reforma fiscal Videgaray”, la misma que ha propiciado el estancamiento de la economía mexicana y el que, como dicen mis amigos empresarios y comerciantes, “no haya ventas”.

Eres formal y cautivo y pese a eso te molesta hacienda, te molesta la PROFECO, te hostigan los inspectores del ayuntamiento y toda autoridad administrativa verificadora del pago de contribuciones de los tres órdenes de gobierno, ningún estímulo ni beneficio conciben puede ser aliciente para animarse a inscribirse, mucho más porque no se palpa la calidad de los servicios y obra pública que las autoridades realizan con el dinero de nuestros impuestos.

Si a esto le sumamos, que el mismo gobierno, en su calidad de consumidor, cuando adquiere productos y servicios de diversos proveedores no facilita para nada la liquidación de los pagos, llegando al extremo de pagarle a los empresarios proveedores, tras un moche (o más), hasta dentro de uno o dos años después de entregado el producto o realizado el servicio, y eso “si te pagan o te reconocen la deuda tras el cambio de una administración”, me comenta un conocido. La situación se vuelve realmente cómica e irónica, porque los empresarios terminan financiando a las administraciones gubernamentales, sí , así de absurdo como se oye, los empresarios financian al gobierno. Y esto, desafortunadamente es el pan nuestro de cada día. Pero no fuera que le debieras al fisco, porque no te dan tanta gracia como las que los empresarios les conceden cuando incurren en la morosidad.