Salvador Montes de Oca, integrante del cuerpo de rescatistas de Protección Civil Colima, estuvo desde el pasado miércoles (20) y hasta la madrugada del sábado (23) en la zona de desastre en la Ciudad de México apoyando en las labores de rescate luego del sismo que sacudió el centro del país la tarde del 19 de septiembre.

Pero no lo hizo solo, Salvador trabaja en conjunto con su perro Rex, un pastor belga de 4 años de edad entrenado para localizar personas con vida y fallecidos en caso de presentarse algún fenómeno natural.

En entrevista con RadioLevy, el joven relató tres anécdotas acontecidas durante su intervención en la Ciudad de México, las cuales te presentamos a continuación.

 El primer rescate, una persona con vida 

“Había tres áreas para poder ingresar a ayudar a los edificios colapsados en la colonia Lindavista, y había mucha gente queriendo ayudar. En la primera área se revisaba que los voluntarios trajeran materiales adecuados para ayudar: casco, guantes, pala.

“Nosotros como somos rescatistas certificados pasamos ese filtro como si nada y llegamos a otro donde ya no podían pasar los vehículos porque ya era demasiado tráfico, no se podía ni caminar. Equipamos al perro y comenzamos a caminar hacia el área crítica, donde estaba el edificio colapsado.

“Había una hilera de policías, cuando llegamos ya estaba una brigada de Cancún y no los dejaban pasar, y cuando nosotros nos acercamos fue lo mismo, no nos dejaron pasar. Les pedimos que nos confirmaran que no nos necesitaban ahí, porque el C5 nos había enviado para allá.

“En eso, el policía nos insiste con que no tiene órdenes de dejarnos pasar, y descubrimos que había un error de comunicación, porque los que ya estaban adentro estaban informando que necesitaban más gente, pero no podían darlo a conocer a los de afuera. Salió otro binomio de Protección Civil y nos dio el paso.

“El edificio era enorme, ya había otros equipos de trabajo y nosotros no los veíamos. Era impresionante verlo, eran tres condominios iguales de ocho pisos y el de en medio colapsó. Yo en lo personal me sorprendí muchísimo de verlo así, estaba tan compacto que no alcanzaba ni la mitad de la altura de los otros edificios.

“Le quité todo a Rex, le pedí a la gente que se retirara para que pudiera trabajar, Rex comienza a correr en zigzag, no habían pasado ni ocho minutos cuando comienza a rastrear un aroma en específico, pero no podía subir a la estructura adecuada, lo ayudo a subir y comienza a ladrar.

“Me miraron los encargados, les dije que encontró una víctima, él está entrenado para ladrar cuando encuentra una persona viva”.

 La solidaridad de la sociedad se hizo presente 

“Era muy emotivo ver a tanto voluntario ciudadano, no sólo ayudaban a recoger escombros, había quienes ofrecían café caliente, o que ponían sándwiches y frutas en bolsitas ziploc, chocolates, electrolitos, comida para los perros. Eran señoras, chavos, personas de todas las edades que te daban comida pagada de su bolsa”.

 Apoyo a los elementos de rescate, incluso por parte de desconocidos 

“En uno de los momentos de rescate, mientras esperaba con Rex y otro compañero, ya muy cansados de trabajar, dije que se me antojaba un café. Una señora detrás de mí de inmediato me dijo que me lo traería, le agradecí pero le dije que no se molestara. Al poco rato llegó con un café y un caldo de pollo.

“Cuando llegamos nosotros los equipos locales ya llevaban muchísimo tiempo trabajando, se veían devastados, agotados, se hacía el esfuerzo por no llorar, pero al mismo tiempo era muy bonito ver como la sociedad nos trataba con tanto cariño”.