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 El Barrio Obregón 

En sus calles vemos un montonal de autos y negocios. Destacan letreros que anuncian comida, ropa, bolsas para la basura. El centro neurálgico es el mercado que en su interior, en donde también se mezclan olores y colores de todo tipo, alberga puestos que existen desde hace décadas y que al igual que los vecinos que han decidido permanecer, han tenido que habituarse al cambio: las caras nuevas, la falta de estacionamiento y el bullicio.

Todos coinciden con tener un fuerte sentido de pertenencia al Barrio Obregón, a pesar de que muchos de sus vecinos o amigos ya no están y que algunos de los negocios que forman parte de sus recuerdos más entrañables, ya se han ido.

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Lee: 📝 10 cosas que distinguen al Barrio Obregón

El cine Juárez con sus bancas de madera y sus proyecciones al aire libre ya no existen. Tampoco el billar que estaba cerca del templo de la Sangre de Cristo, donde hace unos 40 años se reunían los jóvenes. Otra cosa que se ha ido, según los vecinos del Obregón, es la tranquilidad.

Este barrio se extiende por 12 manzanas, delimitado por las calles Francisco I. Madero, Allende, Filomeno Medina y Leandro Valle.

De acuerdo a los últimos datos del Inventario Nacional de Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que datan de 2010, en este lugar vivían 574 personas, la mayoría en un rango de edad entre 30 y 59 años (217). El segundo grupo más numeroso es el de quienes tienen más de 60 años (155), y en tercer lugar, quienes tienen entre 15 y 29 años (115).

Esta dinámica social se refleja en lo que nos cuentan los vecinos del Barrio, cuando aseguran que “aquí no hay juventud” y explican que las nuevas generaciones han decidido irse, ya sea porque no les gusta vivir en el lugar y deciden vender sus propiedades cuando sus familiares mueren, porque se han mudado a zonas con mayor plusvalía o han migrado a otros estados en búsqueda de mejores oportunidades económicas.

Para conocer más acerca del Barrio Obregón, lo que a sus habitantes les hace formar parte de él y lo que éstos han visto pasar a lo largo de décadas, RADIOLEVY.COM tocó la puerta de algunas casas. Dos familias nos dejaron pasar a su hogar.

 


 

En el Mercado Obregón, el corazón de este barrio, una nativa del lugar y un señor que lleva décadas de haber sido adoptado por la zona, accedieron a hablar con nosotros.

José Alejandro vive en la colonia “El Moralete”, municipio de Colima, pero admite pasar todo el día en el Mercado Obregón desde hace 40 años, por lo que ya se siente del Barrio. Podemos platicar con él debido a que se acerca a un puesto de jarros que está en la entrada del Mercado, donde charlamos con la dueña, María Tayde.

Lleva toda su vida en el Barrio. Ahí nacieron sus padres, vendedores en el Mercado cuando éste era aún un tianguis que se instalaba en el cruce de las calles Guerrero y Filomeno Medina. Ahí nacieron sus hijos, y asevera que cuando se casó, la condición que colocó a su marido para contraer nupcias, fue que no se la llevara a ningún otro barrio. Tanto María como José, explican que permanecen allí por su tranquilidad y por no dejar las calles que los han arropado durante tanto tiempo.

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Sin embargo, no todos opinan que el Barrio es tranquilo. José Argüelles y su hija nos reciben en su hogar, el cual perteneció a los abuelos de su esposa, pasó a sus padres y  luego a ellos. Después de tantas generaciones, la familia afirma que el Barrio “siempre será barrio, pero ya no cómo era antes”, cuando la puerta se podía dejar abierta y las noticias de robos o asesinatos no eran comunes.

“Antes sí era muy bonito vivir aquí. Antes teníamos vecinos de la edad, jugábamos, no pasaban casi carros. Ahorita todo es comercial, la mayoría o los poquitos que quedamos ya somos grandes. A las 8 cierran los comercios y te encierras. Hay robos (…) todo está a la mano, pero ya no es tan provechoso, no hay estacionamiento”. Son palabras de la la hija de José, quien ronda los 40 años, nació ahí y ahora vive con su hijo en la casa paterna.

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Unos pasos después se encuentra un lugar emblemático en el que se venden cacahuates. El encargado de mantener esta tradición que lleva 100 años en la familia, es Miguel Blanco, quien presume que ya lo han entrevistado muchas veces, mientras enseña un libro titulado “Personajes y pensamientos colimenses”, donde desde la página 110 y hasta la 114, cuenta su historia.

“No desaparece el Barrio, va a desaparecer uno (…) todos los que vivíamos aquí nos conocíamos. Ahorita es puro comercio. La gente grande se fue y los jóvenes vendieron”, reflexiona Miguel.

“Los hijos se van, queda pura gente de 40 para arriba (…) sí nos sentimos del Barrio. Aquí nos criamos. A la gente de alrededor la vemos como familia de diferente apellido (…) ¿qué nos hace ser del Barrio? Es nuestro terruño, es como los que están en el Volcán. Hace erupción y no se salen porque es su terruño”, añade Rafaela, su esposa.

Desde su casa, ambos platican que antes, la tranquilidad imperaba en las calles del Obregón, pero de un tiempo para acá, han sentido que el peso de la inseguridad ya no los deja vivir en paz.

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El comercio parece ser algo inherente al Barrio, a raíz de que un tianguis se estableció en un edificio como “El Mercado Obregón”. Actualmente este polígono del centro de la ciudad de Colima está lleno de negocios, lo que afecta a los habitantes que llevan ahí décadas, debido a los robos y a la falta de estacionamiento.

También parece ser que todos concuerdan con que el Barrio no va a desaparecer, pero no es lo que era y, a futuro, lo visualizan como un lugar repleto de negocios. Algunos pronostican que cuando ya no estén vivos, sus familiares venderán sus propiedades.

No hace falta haber nacido ahí o siquiera vivir en el lugar. Ser del barrio radica en las raíces que se hayan echado, en conocer la cara de los vecinos, haber visto pasar la historia por sus calles, haberse subido a las bardas para ver las películas del cine Juárez o conocido el lugar donde vendían carbón, necesario para antaño, alimentar a las familias.

Uno de cinco

En http://radiolevy.com/serdelbarrio te dijimos cuáles son los cinco barrios que visitaremos para este reportaje en serie. En la próxima entrega, El Mezcalito.

 

Texto: Rosario Gutiérrez | Foto & Video: Massiel Hernández |