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 El Barrio El Mezcalito 

A diferencia de casi todas las calles del Centro de Colima, en estas, el movimiento es mucho menor. Al Barrio le precede la fama de ser un lugar peligroso, de que supuestamente se venden sustancias ilegales, de que quienes no son de la zona o no conocen a alguien dentro, deben tener mucho cuidado al adentrarse, además de que su nombre “El Mezcalito” ya es común de leer en la nota roja de los medios locales.

Llegamos alrededor del medio día a tocar las puertas del Barrio, por la calle Cedro, que es uno de sus límites. Pasan autos hacia la orilla que topa con el Paseo del Río Colima, pero el movimiento más constante es el de personas que van a la tienda de la esquina con su envase de cerveza en mano.

Otras tres calles que cercan el perímetro de El Mezcalito: Santos Degollado, Reforma y la Avenida Anastasio Brizuela. Según el censo de 2010 del INEGI, en su interior viven 720 personas. Poco más de un tercio de los habitantes tienen entre 30 y 59 años (237), el segundo grupo más numeroso es el de quienes tienen entre 15 y 29 años (219), en tercer lugar, quienes se encuentran entre 0 y 14 años (174), mientras que el sector minoritario es el de quienes tienen más de 60 años (90).

Donde ahora está el jardín central, había una vecindad y baños públicos. Hoy lo rodean casas, lo adorna un mural que muestra a la princesa Leia y Luke Skywalker de Star Wars, caminando juntos hacia un volcán. Las casas forman andadores. A un costado, los edificios de departamentos de cuatro pisos, que conforman una unidad habitacional, hacen entre sí pasillos sombríos, a los que personas ajenas a este proyecto, pero que conocen el barrio, nos aconsejaron no acercarnos.

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Por los andadores vemos a gente que ronda los 40 años y a personas de la tercera edad, sentados, afuera de sus casas, platicando. Son vecinos que se conocen desde hace décadas. Varios son de la misma familia; gente que nació, creció y dejó descendencia ahí mismo.

En el ambiente olemos comida pero también sentimos hermetismo. Escuchamos música que sale de varias casas, las canchas y el jardín central están vacíos, excepto por un puesto de fruta rayada en una de las esquinas. Las casas son pequeñas y muchas de las puertas o ventanas son improvisadas con pedazos de lámina o de otras estructuras.

Nadie habla mal del Barrio frente a la cámara, pero una vez que cortamos la toma, algunos vecinos nos cuentan sobre la gente “de las motos”, de camionetas que permanecen estacionadas durante varios días en la calle. Nos explican cómo hace seis años, apenas se podía vivir ahí.

“Hubo un tiempo muy feo, feísimo, hace como cinco o seis años. Había mucha delincuencia, desatada. No te respetaban, había mucha cosa fea, te querían tirar las puertas. Ahorita es muy pacífico”, cuenta Esperanza, que tiene una tiendita en el lugar.

Revela que no se va de ahí porque ya es dueña del predio que habita y la tienda es su forma de ganarse la vida.

“Ahorita últimamente ya ha venido mucha gente de fuera, que no los conoces. Pero los mismos (de siempre) te respetan, no se meten contigo (…) te sientes en tu casa, te encuentras con gente que te conoce, que la conoces y te sientes como en familia”, añade.

Hace cincuenta años, cuando llegó a El Mezcalito, relata, el Barrio era una vecindad que ya no existe, que los jóvenes de ahí tenían pleito con los de Fátima y al contrario, de otros barrios. Esperanza afirma no se está despoblando, pero cree que hace falta más empleo para que las nuevas generaciones mejoren su calidad de vida.

“Yo no lo veo que se vaya a acabar, creo que va a mejorar. Si el gobierno pone más fuentes de trabajo, la juventud va a cambiar. Pero si no hay empleos, entonces se van por otro camino”, apunta desde su tienda.

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Ahí sí no les puedo decir”, responde María Elena, cuando le preguntamos qué es lo que no le gusta del Barrio. Sobre los 53 años que lleva viviendo en el lugar, accede a contarnos que antes había muchos bailes y se hacían equipos entre vecinos para jugar deportes.

Lo que le dio el nombre al Barrio no fue un depósito de cerveza, sino una tienda que era de Don José, que en la esquina de Díaz Mirón con Medellín, había una cantina que se llamaba ‘El Caballito Negro’ y algún día le dio nombre a otro barrio, como la calle ‘del pujido’ (ahora Cedro), que era la entrada a una vecindad. Se le decía así debido a su estrechez, que no permitía el paso a más de una persona a la vez.

“Antes era borlotero; se hacían bailes, hacíamos equipos de fútbol y nos uníamos. Ahorita no, ya mucha gente nueva ha venido, no es como antes, pero vives feliz”, recuerda. Décadas después, María Elena dice sentirse como en familia entre los andadores de El Mezcalito: “yo aquí, a mi barrio, no lo cambio por nada”, remata.

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A un lado, vive su nuera, quienes no aceptan hablar con nosotros. A dos casas, viven dos señoras de edad avanzada, quienes tampoco participan en la entrevista. Pero off the record nos cuentan que la razón que las mantiene ahí, es que el gobierno les vendió muy barato las casas, versión que después reafirma otro de los vecinos que encontramos en el jardín, cortando aguacates para vender.

María Elena nos recomienda que sigamos el sonido de la música y vayamos a casa de una de sus familiares que es “muy participativa”. Se llama Ramona y nos comenta que antes, apenas caía agua en el lugar, pero el Río Colima era cristalino, por lo que aprovechaban para bañarse y lavar ropa. Que sigue ahí porque ya lleva 40 años en el lugar, echó sus raíces, tuvo hijos y conoce a la mayoría de los vecinos, aunque acepta que el Barrio ya no es el mismo.

“Sí me siento del Barrio porque haces raíces. Ya está uno impuesto a las personas. Las calles yo las conozco (…) qué no hemos visto. Antes había bailes, ahora caen personas que no son de aquí y no me parece, uno no los conoce”, reclama.

En El Mezcalito también parecen coincidir en que lo que te hace del Barrio, son las raíces que llegas a echar, aunque no vivas necesariamente ahí. Lo que te hace del Barrio es el respeto que te tiene la gente que habita ahí, así como la forma en la que te adoptan.

Dos de cinco

En http://radiolevy.com/serdelbarrio te dijimos cuáles son los cinco barrios que visitaremos para este reportaje en serie. Puedes ver y leer ‘SER DEL BARRIO OBREGÓN’. En la próxima entrega, el Barrio de La Merced.

Texto: Rosario Gutiérrez | Foto & Video: Massiel Hernández |