El historiador Noé Guerra explicó que las ofrendas a los muertos en la región occidental de nuestro país, específicamente en el estado de Colima, llegaron en los años 80, y aunque la tradición ya se llevaba a cabo en otras zonas del país, como en el sureste, tampoco se puede considerar una tradición indígena porque incorpora una gran cantidad de elementos traídos de Europa.

En entrevista con RadioLevy, el experto detalló que algunos de los objetos más representativos de los altares de muertos mexicanos, como el papel picado, el pan de muerto, los lácteos o las cruces, fueron traídos de el viejo continente con la colonización.

Además, destacó que la forma en la que ahora son enterrados los difuntos tampoco es nativa de México, ya que antes, a quienes no eran grandes señores o gobernantes, simplemente se les cubría con piedras, mientras que a las personas más importantes sí se les hacía una tumba de tiro.

“Se va generando una mezcla de creencias en las que va a imponerse lo europeo sobre lo indígena (…) es una tradición que se va combinando con lo que trajeron los españoles. ¿Qué trajeron los españoles? Para empezar el pan (…) el papel picado (…) encontramos elementos diversos, la parafina ¿dónde se inventa? (…) Todos esos elementos se incorporan a lo que consideramos la creencia indígena y asumimos que es indígena porque se da en las zonas indígenas del altiplano central, del golfo, del sureste del país, pero no se da igual en Colima”, afirmó.

Sobre la figura de la catrina, explicó que es una creación del ilustrador mexicano José Guadalupe Posada, quien a través de este dibujo intentaba hacer una crítica a la sociedad del siglo XlX, y señaló que no se le llamó “catrina” hasta que Diego Rivera la pintó en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, donde por primera vez le añade colores.

El panteón de los gringos

Cuestionado sobre la zona conocida como “Panteón de los gringos”, el historiador explicó que éste abrió sus puertas en 1851, y contrario a lo que se podría pensar debido al nombre que lleva, hubo muy pocas personas de nacionalidad estadounidense enterradas en ese lugar.

Mencionó que en total fueron 131 cuerpos los que albergó el panteón mientras funcionó y una de las principales razones de su creación fue que los migrantes europeos que vivían en Colima eran protestantes y solicitaban ser enterrados en un espacio exclusivo para ellos.

Finalmente, destacó que el primer camposanto que hubo en Colima fue instaurado formalmente en el año 1800 y funcionó hasta 1883 , ubicándose en el cruce de las calles Madero y la avenida Pedro A. Galván, en el ahora centro de la capital colimense.