Antes de la llegada de empresas de servicios de transporte privado, como Chofer Pro, no se habían dado tres cosas que consideramos positivas: los taxistas no revisaban la calidad del servicio que ofrecían, en el Congreso no se había planteado la necesidad de revisar la legislación, y la autoridad no había puesto énfasis en verificar que se cumpliera la reglamentación.