Desde pequeños, el discurso constante que recibimos de nuestros padres y que nos repiten por todos lados incluye la frase ‘Come frutas y verduras’. La de los papás es ‘Cómete las verduras’- y lo hacíamos a regañadientes. Con el tiempo, ya más creciditos empezamos a consumir una que otra manzana -llamada la fruta del pecado, por aquello de Adán y Eva-, unas fresas -la fruta de la pasión por su color y forma de corazón, y algunas otras como el mango -con chile y limón- que apaciguaban el antojo voraz de nuestra adolescencia.

Esas etapas pudieron pasar casi desapercibidas para algunos de nosotros porque la palabra “nutrición” no era parte del vocabulario que usamos cuando chavos. Tampoco nos eran comunes las “calorías”, el “sobrepeso”, “la dieta balanceada” y mucho menos “salud”.

Muchos queremos arreglar cada problema ya que este nos está aplastando, y como adultos, son las complicaciones de hipertensión, triglicéridos, diabetes, embolias y paros cardiacos las que nos recuerdan que no hemos tenido una buena alimentación: basada en la combinación adecuada de granos, verduras, carnes y lácteos.

El nutriólogo es el único indicado para decirnos que comer y en que proporciones, pero esta profesión -licenciado en nutrición- no es tan valorada. Incluso, datos del Inegi advierten que en el País existe un promedio de apenas 2.4 especialistas en nutrición por cada mil habitantes.

¿Quién nos ayudará?

México ocupa el segundo lugar en sobrepeso y obesidad entre los países que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (Ocde), y el nada honroso primer lugar mundial en obesidad infantil.

Hoy, 70% de los adultos mexicanos son obesos o tienen sobrepeso. Uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 19 años ya presenta sobrepeso u obesidad, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012. Todo esto es el resultante de la suma de malos hábitos alimenticios que poseemos tal vez por costumbre, falta de orientación o mala condición económica, aunque estos tres últimos pudieran parecer excusas.

La solución es más sencilla y barata de lo que pudieras pensar, no requiere de medicamentos “milagrosos” ni dietas “maravillosas”, ni te la queremos vender en abonos.

Desde tiempos prehistóricos, el humano tenía dos funciones principales para mantener a su grupo alimentado: la cacería y la búsqueda de frutos, los cuales recolectaban para su consumo y otros fines. Juntos, por instinto, balanceaban su dieta.

Entre las ramas

Las frutas y las verduras han sido el secreto, desde entonces, para complementar la alimentación, que actualmente se basa en granos y carnes… además de mucha grasa, sal, exceso de colorantes, saborizantes, endulzantes etc. Si no me crees, dale un vistazo a los ingredientes de todo lo que te comes empaquetado, verás nombres de químicos impronunciables y lo peor es que no sabemos qué son, ni para qué están allí.

Lo más natural, sobre todo satisfactorio, es comer una fruta de temporada, que normalmente nos refresca haciendo que nos sintamos ligeros… y es que frutas y vegetales están constituidos en 80 u 90% de agua. Nuestro cuerpo también.

Te invito a consumir verduras y frutas. Seguro tu mamá o tu abuelita te dieron a probar platillos deliciosos a base de las mismas y has dejado de comerlos. Si sigues estas sencillas recomendaciones, ahorrarás mucho dinero en médicos y lograrás sentirte como cochecito recién salido de agencia: nuevecito.

Temporadas y propiedades

La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) comparte las opciones que tenemos durante el año en Colima:

Aguacate (Anti envejecimiento): Se produce durante 7 meses, de mayo a noviembre, alcanzando su máximo en el mes de inicio y fin.

Cereza (Regula ritmo cardiaco): A la venta durante 4 meses, desde abril -con abundancia-, hasta julio.

Ciruela (Baja el colesterol): Se da desde mayo hasta septiembre.

Durazno (Desintoxicante): Disponible por 6 meses, de abril a septiembre, con abundancia en el mes de inicio y fin.

Frambuesa (Mejora la circulación): Mayo-septiembre es su temporada.

Fresa (Tiene ácido fólico): En los estantes, de enero a junio.

Granada (Previene infecciones): La hay desde agosto hasta noviembre.

Guamúchil (Calma el dolor de dientes y de oídos, cura la indigestión, útil en caso de abortos y contra la diarrea): Desde diciembre hasta mayo.

Jícama (Previene el estreñimiento) Abundante de noviembre a febrero

Kiwi (Fortalece sistema inmunitario): Desde enero hasta abril y de Septiembre a diciembre.

Limón (Combate la gripe): Se encuentra en dos periodos, enero-junio  y octubre-diciembre

Mandarina (Antiviral y diurética): Se ve desde enero hasta abril y de octubre a diciembre

Mango (Para piel y cabello): Abunda de enero a febrero y julio-noviembre.

Melón (Neutraliza la acidez): Con producción de mayo a octubre.

Membrillo (Ataca problemas respiratorios): Disponible de julio a octubre.

Moras: Agosto a septiembre.

Naranja (Anti estrés): De enero a mayo – octubre a diciembre.

Pera (Disuelve ácido úrico): En su apogeo desde mayo a diciembre.

Pepino (Rehidrata la piel): Producción mayor de junio a diciembre.

Pitayas (Depura intestinos y sangre): Abril, mayo y junio.

Pomelo (Para perder peso): Tiene dos temporadas fuertes, de enero a mayo y de octubre a diciembre.

Sandía (Contra la hipertensión): Con producción continua de mayo a septiembre.

Tacuachines (Propiedades diuréticas): Se encuentran de mayo a septiembre.

Uva (Purifica la sangre): Se consigue fácil desde agosto hasta diciembre.

Sagarpa confirma que afortunadamente los frutos como plátano, lima, piña, coco, papaya y maracuyá se encuentran disponibles todo el año. Y Colima los produce, por lo que no hay pretexto para aprovecharlos en nuestro propio beneficio.