Por: Sergio Tapiro Velasco

En mi memoria tengo bien grabado que después de ir al panteón a visitar a nuestros difuntos, casi siempre, después de la momentánea tristeza de recordar a alguien, el remedio inmediato era irnos a la Feria y ahí como por arte de magia se desvanecía lo amargosito.

¿Y sabes qué es lo que más conservo en mi mente? Los olores, sabores y sonidos.

Recuerdo muy bien el olor de la caña, las nueces, los garapiñados. El sabor de las fresas con crema, las gorditas y el pozole de las madres religiosas.

Recuerdo perfectamente el olor fuerte y casi nauseabundo de esas muñecas de cartón y los juegos de madera que vendían en los improvisados puestos.

Sonará extraño, pero también recuerdo el olor de la expo ganadera y las heces del ganado y sigue siendo agradable.

Recuerdo perfectamente el caminar entre charcos, en la tierra, sorteando peligrosos cables con electricidad, aunque entonces nadie decía nada de ello.

Recuerdo las salidas a comer con mis papás, a pesar del polvo, del gentío, del bullicio, era divertido.

Aunque recuerdo sonidos, no son muchos, pero presente está el “taca-taca” de esas bolitas de plástico que tenían como función machucar los dedos de los incautos como yo que no tenemos demasiadas habilidades motrices.

Ah, y qué tal el incesante monólogo nasal de los vendedores de cobijas que con sus equipos Radson gritaban miles de palabras y solo entendías “y otra y otra…” Han pasado ya más de 30 años, sus equipos de sonido son digitales y aun así se siguen oyendo de la misma forma que entonces. ¿Qué raro no?

Definitivamente, la Feria de Colima tiene algo importante en nuestras vidas; ¿sabes cuál es su importancia? Que tiene tus propias vivencias, los olores, sabores y sabores que aún conservas en tu memoria, la oportunidad de socializar, el ser un punto de encuentro no solo para el estado de Colima, sino de la región, eso hace que la feria de Colima sea tuya, muy tuya.

¡Cuántos recuerdos!

Mejor los dejo. Voy a empaparme de recuerdos en la Feria de Colima, y quizá por un momento vuelva a ser niño, el niño que paseaba con sus papás y con su hermana descubriendo el mundo, los olores, sabores y sonidos de esa feria que estará para siempre en mi corazón.